viernes, 5 de abril de 2019
Buenos Aires - MALBA - Mundo propio - Fotografía moderna argentina 1927-1962
Mundo propio configura un amplio panorama de las vanguardias en la fotografía argentina a lo largo de tres décadas, a través de una selección de 250 obras –en su mayoría copias de época– de Horacio Coppola, Grete Stern, Annemarie Heinrich, Anatole Saderman, Sameer Makarius, Juan Di Sandro, Pedro Otero, Hans Mann, George Friedman y Alicia D’Amico, entre otros célebres fotógrafos que abrieron nuevos caminos en el campo de la fotografía nacional, además de otros referentes menos conocidos con obras sumamente originales.
Con eje en la experimentación, la exposición se organiza en grandes núcleos temáticos en torno a la ciudad, la abstracción, los surrealismos, el mundo onírico y los retratos, con obras provenientes de destacadas colecciones privadas y públicas del país como el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y la Fundación Larivière, Colección de Fotografía Latinoamericana, entre otras.
Entre los importantes conjuntos se incluyen las fotos de Buenos Aires de Horacio Coppola (1929-1936) y sus primeras tomas de 1927 en copias vintage; las plantas autóctonas de Anatole Saderman de los años 30; Los sueños de Grete Stern en su serie completa de 46 fotomontajes, publicados entre 1948 y 1951 en la página "El psicoanálisis le ayudará" de la revista Idilio (Editorial Abril); parte de la serie La fotografía y la música (1952-1956) de Pedro Otero; y los célebres retratos de Annemarie Heinrich.
La exhibición también incluye fotografías prácticamente inéditas o rarezas –que circularon solo en galerías especializadas– como la fotonovela de George Friedman, lanzada por editorial Abril en los años 50 y 60; los primeros retratos de Hans Mann en el Chaco (c. 1937); fotos de Gisèle Freund que vivió unos años en Buenos Aires; las abstracciones urbanas de Ricardo Sansó de 1957; la Serie Bíblica de Sameer Makarius, piezas únicas que expuso en la Galería Peuser en 1961 con el grupo de la Nueva Figuración; además de fotografías y material de archivo de la Carpeta de los 10 y el Grupo Forum.
Fotógrafos en la exposición: Juan Bechis; Horacio Coppola; José Costa; Alicia D´Amico; Juan Di Sandro; Gisele Freund; George Friedman; Manuel Gómez; Annemarie Heinrich; Alex Kein; Sameer Makarius; Hans Mann; Julio Maubecin; Rodolfo Ostermann; Pedro Otero; Humberto Rivas; Anatole Saderman; Ricardo Sansó; Fred Schiffer; Nicolás Schonfeld; Boleslaw Senderowicz; Grete Stern; Augusto Ignacio Vallmitjana; Sivul Wilensky
martes, 2 de abril de 2019
Córdoba - CILE 2019 - Discurso de María Teresa Andruetto para el cierre del Congreso de la Lengua
La escritora cordobesa ofreció un discurso muy crítico para cerrar el encuentro internacional.
Hay una grieta en todo / así es cómo entra la luz, dice Leonard Cohen, Y entonces es ahí, en las fisuras, donde quisiera mirar.
No fue sencillo para mí aceptar la invitación a cerrar este congreso, por las disidencias diversas que con él tiene, por razones también diversas, la comunidad a la que pertenezco y por mis propias disidencias.
Me tranquilizan dos cuestiones, la primera es que antes de aceptar hice saber mi posición y la invitación se sostuvo –con un espíritu democrático y una amplitud que mucho agradezco–; la otra es que estoy aquí como escritora y el lugar de quien escribe es, en lo que respecta a la lengua, un lugar de desobediencia, de disenso.
lunes, 1 de abril de 2019
Bauhaus, la escuela que cambió el arte (y el mundo), cumple 100 años
Alemania se vuelca en las celebraciones del aniversario de la institución, reparando el error histórico de hace un siglo, cuando los nazis forzaron su cierre y provocaron el exilio de sus líderes
La Bauhaus abrió sus puertas hace un siglo. El 1 de abril de 1919, los estudiantes cruzaron por primera vez el umbral. Los profesores, todavía alojados en hoteles, empezaron a trabajar en seminarios que alternaban la artesanía y los saberes técnicos, con el objetivo de generar un arte adaptado a las necesidades de la sociedad alemana de posguerra. Las facciones más conservadoras de Weimar pusieron el grito en el cielo: en sus aulas había mujeres y hasta extranjeros. El cataclismo bélico había dejado la moral nacional por los suelos, pero también provocado la ilusión de un nuevo comienzo. Cientos de jóvenes llegaron a la ciudad donde murieron Goethe y Schiller para participar en la gran aventura de la escuela, que terminaría cambiando el rumbo del arte. “Juntos, déjenos desear, concebir y crear la nueva estructura del futuro, que un día se elevará hacia las alturas, como el símbolo de cristal de una nueva fe”, rezaba su rimbombante manifiesto, escrito en letra gótica y poco minimalista dirigiéndose al público.
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