El regreso del hijo prodigo es una obra pintada por Rembrandt Harmenszoon van Rijn, pintor y grabador holandés, en los últimos años de su vida (1669). Rembrandt fue un la historia del arte uno de los mayores maestros barrocos de la pintura y el grabado, y el artista más importante de la historia de Holanda. Su aporte a la pintura coincide con lo que se llamó la edad de oro holandesa, momento cumbre de su cultura, ciencia, comercio, poderío e influencia política.
El
cuadro se encuentra en el Museo Hermitage y fue adquirido por Catalina la Grande
para el Palacio de San Petesburgo que tras la revolución recibió el nombre de
Leningrado.
Se inspira en la Parábola del hijo pródigo
o Parábola del Padre misericordioso del evangelista San Lucas (c.15, v. 11-32).
El cuadro muestra la escena del momento del perdón del padre frente al hijo
arrepentido de su propia conducta. En la pintura el rasgo de arrepentimiento se
muestra en que aparece con el cabello
rapado y se arrodilla ante el padre. Viste andrajos con agujeros. El anciano lo
recibe con un gesto amoroso y casi
protector, expresando así sentimientos de misericordia y compasión. Coloca las manos amorosamente en la
espalda del hijo. A la derecha, observa la escena un personaje identificado
como el hijo mayor; viste de manera lujosa y con un yelmo dorado. Al fondo se distinguen dos figuras no bien
identificadas.
La luz incide directamente en esta pareja
padre-hijo, así como en el rostro del personaje de la derecha. El resto de la
composición queda en la sombra. Se ha relacionado el tema de esta obra y su
forma de expresarla con el momento personal que pasaba Rembrandt, viejo, solo y
arruinado, ya próximo a su muerte y a la espera de la misericordia.







