viernes, 25 de agosto de 2017

Grant Wood - Gótico Americano


En plena crisis económica, el Realista Wood hace una apología de los valores tradicionales americanos y el mundo rural, el llamado regionalismo norteamericano, cuya quintaesencia es esta obra que fue tan alabada como criticada y caricaturizada desde su creación
Mientras medio país vagaba por los caminos a causa de la Gran Depresión, Grant Wood siguió retratando a su querido medio oeste por medio de esta pareja: un granjero y su hija que se convirtieron automáticamente en icono. Dos supervivientes que afrontan las vacas flacas con austeridad y trabajo duro.
Si nos fijamos, Wood imita el estilo de los pintores renacentistas flamencos, con las figuras frontales y una pintura al óleo muy minuciosa y detallada, como la de su ídolo Van Eyck. Se ve que en su estancia en Munich se empapó del arte europeo.
En realidad eran su propia hija y su dentista, que posaron bajo la promesa de que no iban a ser reconocidos. Los entusiasmados y felices modelos posan bajo una ventana típica del gótico rural americano. Quizás de ahí venga el genial título del cuadro, que Wood vendió por sólo 300 dólares al Art Institute de Chicago. Hoy en día por uno de sus paisajes se paga unos siete millones de dólares.
Fuente

jueves, 24 de agosto de 2017

Hiperrealismo - Robert Cottingham

          A mediados de los años sesenta surgió en Estados Unidos un grupo de artistas, que utilizando la fotografía como base, pintaban con gran realismo objetos y escenas de la vida cotidiana contemporánea. Formaron el movimiento hiperrealista, que en el mundo anglosajón se conoce con el término photorealism.
El movimiento establecía que eran “fotorrealistas” aquellos artistas que abiertamente empleaban la cámara fotográfica como herramienta esencial para ejecutar sus pinturas. Trasladaban la imagen al lienzo lo más objetivamente posible y con una ejecución tan minuciosa que producía en el espectador una sorprendente ilusión de realidad, privada de cualquier emoción.
La amplia representación del movimiento en la Documenta de Kassel de 1972 supuso su consagración y, sobre todo, produjo gran revuelo en un panorama artístico que desde 1945 había estado dominado por el arte abstracto. La crítica lo calificó como anti-intelectual y reaccionario: “no es arte, sino virtuosismo copista”.