Con motivo de la conclusión de los trabajos de restauración de una de sus más grandes creaciones, «El Calvario», se organizó en el Museo del Prado una exposición dedicada a este prodigioso artista: Rogier van der Weyden (1399-1464).
Quizás su nombre no sea de los más populares entre los artistas que cuelgan en los más importantes museos del mundo, pero fue uno de los más influyentes del siglo XV y uno de los creadores más enigmáticos y fascinantes de la historia. Pese a que las crónicas cuentan que «sus obras engalanaron las cortes de todos los Reyes» y que llegó a ser «el más grande y noble de los pintores».
Apenas se exhibe una veintena de piezas, pero entre ellas está lo mejor del pintor flamenco, el maravilloso «Descendimiento», realizado para la iglesia de Nuestra Señora de Extramuros de Lovaina y el «Tríptico de Miraflores», que el Rey Juan II de Castilla donó a la cartuja de Miraflores. Estas tres obras maestras se exhiben juntas por primera vez.


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