"Hace un tiempo hice un curso de introducción al Budismo
en la ciudad de Nueva York y le pregunté al maestro si es lo mismo pintar que
meditar y me respondió que sí. La única diferencia es que cuando meditamos nos
conectamos con la belleza interior que todos tenemos adentro y la dejamos ahí. Y
al pintar ponemos esa belleza en un soporte para los demás.
Los griegos decían que un artista es una antena que
recibe la frecuencia de energía de la inteligencia del universo y es un
vehículo por el que se deja él se deja traspasar y tiene la propiedad de
magnetizara los demás. Esa es la función del arte. El arte conlleva un poder
sanador.
El arte nos aparta un poco de la cultura de la insignificancia
de la matrix y de la vida diaria. Nos aparta de los rigores, de las adicciones
y el consumo porque nos vincula con algo que hemos olvidado. Todos los niños
han sido artistas. Todos nosotros hemos
sido niños y eso significa que todos nosotros hemos sido artistas. Hasta que en
algún momento entregamos nuestro artista y nos pusimos nuestra mascara.
Las máscaras son interesantes y son necesarias para la integración
de la vida diaria, pero hay que tener presente que nuestra verdadera identidad
está detrás de la máscara..."
Eugenio Cuttica 14 de abril 2015 MNBA





