jueves, 24 de agosto de 2017

Hiperrealismo - Robert Cottingham

          A mediados de los años sesenta surgió en Estados Unidos un grupo de artistas, que utilizando la fotografía como base, pintaban con gran realismo objetos y escenas de la vida cotidiana contemporánea. Formaron el movimiento hiperrealista, que en el mundo anglosajón se conoce con el término photorealism.
El movimiento establecía que eran “fotorrealistas” aquellos artistas que abiertamente empleaban la cámara fotográfica como herramienta esencial para ejecutar sus pinturas. Trasladaban la imagen al lienzo lo más objetivamente posible y con una ejecución tan minuciosa que producía en el espectador una sorprendente ilusión de realidad, privada de cualquier emoción.
La amplia representación del movimiento en la Documenta de Kassel de 1972 supuso su consagración y, sobre todo, produjo gran revuelo en un panorama artístico que desde 1945 había estado dominado por el arte abstracto. La crítica lo calificó como anti-intelectual y reaccionario: “no es arte, sino virtuosismo copista”.

La figuración centrada en representar temas intrascendentes y el método pictórico basado en el uso de imágenes fotográficas llevadas al lienzo mediante procedimientos más o menos mecánicos generaron una auténtica convulsión en el mundo del arte. A pesar de ello la vinculación entre fotografía y pintura no era nueva y ya desde el impresionismo, y hasta las serigrafías pop de Warhol, entre otros, el interés por la realidad y el entorno personal del artista tuvo en el uso de la cámara un aliado fundamental.
Con la incorporación de la moderna tecnología de la imagen, el hiperrealismo abrió un enorme campo para el arte, que desde entonces no ha cesado de aprovechar sus avances. Si en un primer momento los artistas utilizaron imágenes publicadas en periódicos y revistas, más tarde decidieron realizar ellos mismos la toma fotográfica. Trasferían después la imagen al lienzo utilizando un sistema de cuadrícula o de proyección de diapositivas para, finalmente, ejecutar la pintura con pincel o aerógrafo. En la actualidad la era digital ha añadido el uso de cámaras fotográficas de alta resolución, ordenadores y programas de imagen que han revolucionado el oficio de pintar y que permiten a cada artista elaborar un método propio y a la medida de sus intereses. La laboriosidad técnica y la ejecución precisa de estas obras, generalmente de gran tamaño, producen en el espectador un asombro que remite a géneros centrados en el uso del trampantojo y en la reproducción fiel de brillos y texturas, presentes en otros momentos de la historia del arte, como las naturalezas muertas del barroco español o de la pintura holandesa del siglo XVII.
Además del uso de la cámara, el movimiento hiperrealista heredó del pop la pasión por los iconos de la sociedad de consumo y el mundo de la publicidad, aunque la ironía pop es sustituida en el hiperrealismo por la distancia emocional. Comparten ambos movimientos el gusto por las superficies acristaladas de los escaparates que permiten recrearse en las imágenes que se reflejan deformadas en ellos, los automóviles y las motos relucientes, los letreros luminosos de los cines y teatros, el colorido de los restaurantes de comida rápida y sus botes de ketchup, la arquitectura art decó o la iconografía kitsch. Son fragmentos de la vida cotidiana norteamericana, escenas banales y artículos de consumo convertidos en motivo artístico. Temas intrascendentes del mundo que nos rodea dominado por la sociedad de consumo, la publicidad y los medios de comunicación de masas, captados primero a través de la fotografía y trasladados después al lienzo mediante un laborioso proceso completamente opuesto a la inmediatez de la instantánea fotográfica que da origen al cuadro. Los temas evolucionan desde los iconos culturales del american way of life hasta las grandes vistas panorámicas urbanas o las representaciones de figuras humanas, más propias de los hiperrealistas europeos.

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