A mediados de los años sesenta surgió en Estados Unidos un grupo de artistas, que utilizando la fotografía como base, pintaban con gran realismo objetos y escenas de la vida cotidiana contemporánea. Formaron el movimiento hiperrealista, que en el mundo anglosajón se conoce con el término photorealism.
El movimiento establecía que eran “fotorrealistas” aquellos artistas que abiertamente empleaban la cámara fotográfica como herramienta esencial para ejecutar sus pinturas. Trasladaban la imagen al lienzo lo más objetivamente posible y con una ejecución tan minuciosa que producía en el espectador una sorprendente ilusión de realidad, privada de cualquier emoción.
La amplia representación del movimiento en la Documenta de Kassel de 1972 supuso su consagración y, sobre todo, produjo gran revuelo en un panorama artístico que desde 1945 había estado dominado por el arte abstracto. La crítica lo calificó como anti-intelectual y reaccionario: “no es arte, sino virtuosismo copista”.
El movimiento establecía que eran “fotorrealistas” aquellos artistas que abiertamente empleaban la cámara fotográfica como herramienta esencial para ejecutar sus pinturas. Trasladaban la imagen al lienzo lo más objetivamente posible y con una ejecución tan minuciosa que producía en el espectador una sorprendente ilusión de realidad, privada de cualquier emoción.
La amplia representación del movimiento en la Documenta de Kassel de 1972 supuso su consagración y, sobre todo, produjo gran revuelo en un panorama artístico que desde 1945 había estado dominado por el arte abstracto. La crítica lo calificó como anti-intelectual y reaccionario: “no es arte, sino virtuosismo copista”.


