¿Qué pasa cuando a
una mujer, su marido y compañero de 30 largos años, le pide una pausa? En el caso de Mía Fredricksen, enloquece.
Mía, la sensible poeta protagonista de esta historia, vive en Nueva York y debe
soportar que su esposo, la deje por una científica francesa, compañera de
trabajo.
Con un estilo
intimista y narrado en primera persona, como un diario personal, Siri Hustvedt
escribe este relato en donde Mía tiene que enfrentarse a una profunda crisis
interior que la lleva al Hospital con un Trastorno Psicótico Transitorio. Luego
del alta regresa por una temporada a Bonden, su pueblo natal. Allí se
reencuentra con su madre que vive en una residencia geriátrica con un grupo de amigas
cuyas edades oscilan entre los 80 y 102 años.
Ya instalada, en las
afueras de la ciudad, dirige un taller destinado a adolescentes que viven complicadas
en juegos discriminatorios y absorbidas por
la fugaz comunicación virtual. Al mismo tiempo, se relaciona con su joven
vecina Lola, superada por los conflictos con su pareja y su reciente
maternidad.
Es una historia de
mujeres. Para empezar, la protagonista con un marido infiel y confundido; por
otra parte, un taller que se desarrolla solo para chicas -porque sería mal
visto un muchacho interesado por la poesía- y, por último, las viudas que
sobrevivieron largamente a sus esposos. Pero los hombres siempre están
presentes, en un segundo plano y de manera permanente. Mía lo confiesa con una
cómplice apelación al lector: “ustedes se
preguntarán por qué me hacía tanta mala sangre por un tipo como mi esposo”.
De la misma forma, entre las complicadas adolescentes, los chicos aparecen generando
disputas amorosas a través de los mensajes de texto. En resumen, Hustvedt en
este intenso relato, que contiene un amplio abanico de edades, despliega con
ironía los secretos de la condición femenina.
La narración
transcurre serena y sin conflictos -es lo que sucede el día después del conflicto- y esta ligera tensión pone en riesgo
la historia. Por eso la autora, con un estilo ácido y divertido, recurre a una variedad
de tonos para sostener el ritmo. Con calidad y soltura, su texto fluye desde el
diario personal hasta la brevedad propia de un telegrama, pasando por poemas, dibujos
y reflexiones.
El verano sin hombres no es sólo
una obra muy bien contada sobre los vínculos humanos sino también, la
exploración posmoderna del complicado espíritu femenino.
El verano sin hombres. Siri Husvedt, Editorial Anagrama, 2011.

No hay comentarios:
Publicar un comentario