El edificio de la Secesión, lugar fundamental para el
movimiento de Klimt, realizó este años una colecta de fondos para apoyar al SIDA y
el VIH, y entre las actividades se encontró una sesión fotográfica de
Inge Prader, en la que como homenaje a las obras del pintor, les dio
vida e imaginó la mezcla perfecta de modelos y colores para lograr un
absoluto realismo.
El pintor es uno de los personajes más importantes de la Secesión de Viena. Con Oskar Kokoschka y Koloman Moser, realizó obras con elementos de Art Nouveau y Art Decó para crear una de las vanguardias más vistosas y luminosas de todos los tiempos. La Secesión buscaba la ruptura de los estilos anteriores con base en la inspiración en elementos naturales como piedras preciosas, flora, fauna y sobre todo, formas redondeadas. Según estos artistas no debían existir líneas rectas en sus cuadros porque en la naturaleza no los encontramos; nada es totalmente simétrico y perfecto.
Prader les da un nuevo respiro a sus imágenes y transgrede disciplinas mezclando la fotografía, la pintura y el diseño, con un esfuerzo por preservar la pintura, la oscuridad y la decadencia de la obra de Klimt.
La fotógrafa logró lo que por muchos años buscó la pintura: la imagen en tercera dimensión; admirar la totalidad del lienzo y no sólo la superficie plana del cuadro. Inge Prader tuvo la maestría de recrear la obra de Klimt de manera espectacular gracias al maquillaje y la ropa perfecta para la ocasión.
Inge Prader es una fotógrafa vienesa de moda que ha participado en múltiples trabajos fotográficos al lado de Madonna, y ha trabajado para Visa, Henkel, Financial Times y otras decenas de empresas austriacas. Tiene una gran trayectoria y reconocimiento mundial.
Las mujeres fatales y la sensualidad desbordante traspasan el
lienzo de Gustav Klimt y se convierte en parte de la vida real, de lo
tangible y el ya nada imaginario dorado eterno que englobaron sus obras
hace más de un siglo. Klimt tuvo su inspiración en el desnudo femenino,
que cubierto de oro y piedras preciosas, lo convirtieron en uno de los
artistas de la secesión más populares.
Durante su fase dorada,
de 1899 a 1910, Klimt tuvo el éxito que la riqueza y abundancia de sus
pinturas parecía pronosticar. Su estilo se convirtió en un ícono de
Viena, sus pinturas un recuerdo de que no todo en exceso se ve mal. Su
famosa pintura El beso y el Portarretrato de Adele fueron hechas en este
periodo.
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