La ciencia y el arte se balancean con total naturalidad en la obra de este arquitecto nacido en 1973, al punto de que sus singulares creaciones llaman la atención por igual tanto desde la Bienal de Venecia como del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), y desde el Museo Metropolitano de Nueva York hasta la Nasa, siempre a raíz de sus investigaciones en torno a las telas de arañas, un proyecto que ya lleva casi diez años y que lo convirtió en la única persona en el mundo que posee una colección de telas de arañas.
Cuando el Museo invitó a Saraceno a realizar su primera exposición en una institución de la Argentina, él a su vez -al mejor estilo Peter Parker- invitó a miles de arañas a que lo acompañen, y así la muestra se despliega en dos salas y cuenta con el apoyo del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia y el Max Planck Institute.
En la primera sala, miles de arañas -que ya no están- han tejido kilómetros de telas de finísimos hilos de seda que prácticamente brillan en la sala casi en penumbras, una pieza rara de describir y clasificar. Hay que moverse con cuidado y observar detenidamente para no perderse los detalles de esta construcción original. En tanto, en el subsuelo, los visitantes pueden asistir a una suerte de concierto cósmico, protagonizado por una araña, su fascinante tela y las partículas de polvo presentes en el espacio cuyos movimientos producen un sonido que amplificado retumba en el ambiente.
