Apenas bajé a la estación
Miserere, por las ruidosas escaleras de lata celeste, la vi. Era una simple
fotocopia, en blanco y negro, pero llamó mi atención. Reconocí el rostro de una
chica, una mujer joven, y las palabras tristes de una despedida Cuando vi la
fecha se aclaraba todo: 22 de febrero 2012. – Demasiado joven para morir así,
pensé. Un escalofrío subió por mi columna.
Busqué más carteles, más recordatorios,
pero no los encontré. Solo había un cartel, y ni una sola flor. Pero bastó la
sobriedad de esa fotocopia en blanco y negro para recordar lo que había pasado allí.
Solo un cartel blanco y negro; blanco como la muerte, negro como la tristeza
que te invade. Negro como la angustia, negro como el miedo. Negro como el túnel
del subte.













