La capital cubana se convirtió estos días en una gigantesca galería de arte. Museos, fortalezas coloniales, calles, malecones, barrios marginales y una barbaridad de casas y apartamentos particulares abrieron sus espacios a los cientos de artistas de Cuba y de 50 países del mundo que participan en la 12 Bienal de La Habana, una cita marcada por el actual momento de distensión política entre Washington y La Habana y que, más allá de calidades artísticas, pasará a la historia como la Bienal del diálogo y del reencuentro.
Artistas cubanos, que emigraron hace décadas, exhiben sus obras en La Habana junto a creadores estadounidenses en el actual momento de distensión política. De tal manera que la ciudad se llenó de múltiples espacios independientes y alternativos para promover el arte cubano. Los hay que funcionan en casas particulares donde el arte se mezcla con la vida misma –entre la cocina, el baño o el cuarto de los niños.

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