El Museo de Arqueología de
Alta Montaña tiene como función principal resguardar el hallazgo arqueológico
denominado Los Niños del Llullaillaco,
lo que logra a través de un modernísimo sistema de criopreservación; y al mismo
tiempo, estudiarlo y difundirlo. A través del patrimonio que preserva, trabaja
en el resguardo de la cultura ancestral, reforzando la identidad de los pueblos
originarios.
Hace más de quinientos
años, una comitiva ceremonial ascendía hasta la cumbre del volcán Llullaillaco, para culminar con una de las ceremonias más
importantes del calendario ritual incaico, conocida como Capacocha. Iniciada
posiblemente en la legendaria ciudad de Cuzco, su realización implicó un largo
recorrido en tiempo y espacio, y tuvo como protagonistas a los hoy conocidos
como Niños del Llullaillaco. Y a más de un centenar de objetos, muchos de ellos
exquisitas miniaturas, que los acompañaron en este viaje al encuentro con los
antepasados y los dioses.
Durante más de cinco
siglos, el volcán guardó celoso en su cápsula del tiempo lo que en 1999 se
convertiría en uno de los hallazgos más importantes en el campo de la
arqueología, y que permitiría a los científicos, posteriormente, reconstruir
este aspecto de la vida incaica.
La característica principal
de la colección puesta en valor el Museo
de Arqueología de Alta Montaña, reside en el particular estado de
conservación, tanto de los niños, como de los objetos que los acompañaban que,
como consecuencia de las circunstancias climáticas de la montaña, permanecieron
intactos durante varios siglos de entierro.
En el Museo no sólo se
exhibe una magnífica colección, sino que también se creó un ámbito donde es
posible acercarse al mundo andino a través de la Arqueología de Alta Montaña, y
desde allí comprender el universo Inca y sus costumbres ceremoniales. Laboratorios,
espacios de investigación y salas de exposiciones se conjugan en un plan de
trabajo que permite ver desde el hoy nuestro propio pasado histórico.
Más allá de las modernas
tecnologías y de los innovadores métodos museográficos, se concibió un ámbito,
con respeto y con sentimiento, y se conformó un Museo indudablemente científico
y profundamente humano.
La novela escrita por María
Belén Alemán, poeta y narradora salteña, está inspirada en la Doncella que
fuera encontrada en la cima del Llullaillaco y que se exhibe en el Museo de
Alta Montaña de la ciudad de Salta junto con los dos niños con los que fuera
sacrificada en un ritual de impetración a los dioses para lograr sus favores.
El punto de partida es el
deseo de la autora por averiguar, indagar, ahondar en los sentimientos y
emociones que pudo haber vivido la niña al saberse elegida y su largo camino
hasta el sacrificio.
La historia la narra un
tercer personaje que no es ninguno de los niños y le da así vigor y significado
a los valores y creencias del Cusco precolombino y llegan, incluso, hasta
plantearse algunas cuestiones relacionadas con esas creencias.
La otra trama de la novela
es contemporánea y se centra en la periodista que debe cubrir la noticia del
descubrimiento arqueológico. Esto le da a la autora la oportunidad de crear
situaciones que trazan paralelos y contrastes temáticos muy enriquecedores. Hasta volvernos
Museo Arqueológico de Alta Montaña

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