viernes, 25 de septiembre de 2026

"Los Nuevos" y "El guardián entre el centeno". La soledad adolescente

En una entrevista Pedro Mairal, promocionando su última novela: Los Nuevos, le pidieron que recomendara un libro y eligió: El guardián entre el Centeno de J.D. Salinger y dice: “Ojalá mi novela tenga algo de ese espíritu. El personaje de Holden Caufield me parece de  una genialidad total. Salinger captó la atemporalidad de la adolescencia: un chico muy lastimado, viviendo una semana solo en Nueva York. Lo siento muy cercano, como alguien que podría conocer”. 

El guardián entre el centeno (J.D. Salinger1951) y  Los Nuevos (2025) guardan varias semejanzas y diferencias. Podríamos decir que tratan sobre la soledad adolescente que es transversal a todos, un tema universal.

En principio las dos son novelas de iniciación o de pasaje al mundo adulto, fueron escritas en dos ciudades, con geografías y momentos históricos muy distintos, y guardan una distancia de tiempo de más de 70 años.  El Guardián entre el centeno está ambientada en los Estados Unidos  de finales de los años 40, en  un contexto definido por el trauma de la Segunda Guerra Mundial y el nacimiento del “Sueño americano”. Salinger escribió la historia marcado por su experiencia en la guerra lo que le confiere a la obra un rechazo visceral hacia la hipocresía y la falsedad de la sociedad. 

En cuanto a Los Nuevos, la narración está situada en zonas de la provincia y la ciudad de Buenos Aires de una Argentina siempre en crisis.  Se retratan escenas muy contemporáneas en donde la fractura social y la desigualdad de clases en círculos muy cerrados, generan en los protagonistas al momento de insertarse en el mundo adulto incertidumbre.  

Holden Caufield, el protagonista de El Guardián entre el centeno, es un adolescente herido emocionalmente por la reciente muerte de su hermano Allie y está desorientado ya que es la segunda vez que lo echan de un colegio. Tiene que volver a su casa, pero no se siente capaz de enfrentar a sus padres. Por eso deambula unos días en Nueva York en hoteles baratos y bares de jazz, entre prostitutas y proxenetas. Holden se pierde en la ciudad, no quiere crecer e idealiza la niñez frente a la hipocresía de los adultos, por eso quiere ser el “guardián” que evita que los niños caigan en la vida adulta. Hay mucho de Holden en cada uno de los personajes de Los Nuevos. Si bien Thiago, Bruno y Pilar, cada uno a su manera, enfrentan la soledad, entre ellos se sienten fortalecidos en la amistad que los une al momento de pasar al mundo adulto.

En lo que respecta al pasaje al mundo adulto, se trata de un tema recurrente en la literatura infantil. Se presenta como una continua critica al mundo adulto y un dolor a crecer. Se pueden citar dos conocidos cuentos: Alicia en el país de las Maravillas de Lewis Carroll y Peter Pan de J.M. Barrie,  cada uno con formas diversas de afrontar ese cambio. Las obras son consideradas por la crítica psicoanalítica como dos respuestas opuestas ante la misma crisis: la angustia frente al crecimiento y la amenaza de perder la infancia. El  "dejar de ser niño”. El psicólogo norteamericano Dan Kiley acuñó en 1983 el término “El Síndrome de Peter Pan” (El síndrome de Peter Pan. Los hombres que nunca crecieron).  Describe una condición psicológica real e influenciada por factores culturales que consiste en la incapacidad o negativa de un individuo a asumir las responsabilidades asociadas con la adultez.

Por otra parte, en cuanto a la forma de escritura, los relatos de Holden y de Thiago, están escritos en primera persona, lo que los convierte en un relato subjetivo de las experiencias más crudas con sus emociones expuestas. Thiago nos cuenta que está encerrado en un centro de salud mental y la médica le pide que escriba lo que pasó en el verano. Está emocionalmente herido y atravesando el duelo de la muerte de su madre, se siente como expulsado del mundo. Se niega a escribir, pero la magia de la literatura nos deja en esta primera parte, casi un diario con muchas semejanzas al relato de Holden. Para justificar la decisión de no colaborar con la psiquiatra, Thiago nos dice: “Otra razón por la que no escribiría nada es porque tendría que hablar mierda de todo el mundo en especial de la Bicha Araoz”. (Los Nuevos, Pág. 21) 

        En este punto, se asemeja a Holden que escribe: “Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Solo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco”. (El guardián entre el Centeno Pág. 7) 

Las dos novelas hablan de un encierro y, en el caso del relato de Thiago, también está  narrada en primera persona. Elegir esta forma de escritura es como elegir que los dos protagonistas sigan defendiendo su propia postura y opinión a pesar del aislamiento en un centro de salud mental. Un lugar en donde te pueden sacar todo excepto tu propia voz. 

Relatar en primera persona implica que el lector accede directamente a la subjetividad del personaje aunque aparece de manera inevitable el sesgo del narrador. El relato tiene una potencia testimonial, el protagonista está diciendo “esto lo viví yo y te lo cuento”. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que la elección de este tipo de narrador contiene una inevitable parcialidad.

En lo que concierne  a Bruno, Pedro Mairal relata en tercera persona la experiencia del personaje. Es una soledad distinta. El aislamiento le sobreviene por estar obligado a estudiar en una universidad extranjera en un lugar frío y lleno de nieve. Bruno vive como un exilio su estadía en Wisconsin y paradójicamente muestra otra cara de aislamiento juvenil en la era de la hiperconectividad. Celebra la copa Mundial 2022 gritando solo en medio del lago del campus. “Y cuando Montiel metió el gol de penal que le dio la victoria definitiva a la selección argentina, se quedó mirando mudo, cerro mudo la laptop, se levantó mudo, y en un largo plano sin cortes salió borrachisimo al frío del campus, se cruzó  con unos estudiantes (...) caminó más de cien metros con el ruidito del colchón de nieve escarchada triturándose y en ese enorme plano de hielo completamente vacío comenzó a gritar con todo el cañón de la garganta: ¡Hijos de puta! ¡Somos campeones del mundo, hijos de puta! Se volaron los pájaros de los arboles negros de la orilla”. (Los Nuevos Pág. 98)

Holden también se siente solo y aislado en su propia ciudad, camina por Manhattan pero no conoce a nadie. El frío que sufren y emparenta a los dos personajes, es el frío de la indiferencia. Dice el protagonista de El guardián entre el centeno: “Vivo en NY y de pronto me acordé del lago que hay en Central Park South. Me pregunté si estaría ya helado y, si lo estaba, adónde habrían ido los patos. Me pregunté dónde se meterían los patos cuando venía el frío y se helaba la superficie del agua, si vendría un hombre a recogerlos en un camión para llevarlos al zoológico, o si se irían ellos a algún sitio por su cuenta” (Pág. 20). Pareciera que en realidad la preocupación por los patos es una metáfora del sin sentido de su vida y la necesidad de que alguien lo cuide para no pasar por ese frío que lo rodea.

        Finalmente Pilar, Pili, Pil Vicious, como Thiago la llama por un juego de palabras que combina su nombre con el apellido de Sid Vicious, el legendario y autodestructivo bajista de la banda punk Sex Pistols. Se trata de una chica aguerrida, resiliente, y a mi parecer, el personaje más entrañable. Sufre un desbarrancamiento progresivo y una degradación social por la pérdida de un hogar. Deambula sin rumbo y llega a vivir en la baulera del edificio de departamentos de su abuela. Pilar intenta sobrevivir en ese  encierro: “A veces oía voces de chicos muy dormidos o alguno despierto que corría  y le decían: Vení para acá, vamos que es tarde. Me hacía mierda el sonido de las familias tratándose bien, con cariño, el agua caliente circulando por las cañerías, mientras yo estaba caída dentro de ese pozo. De a ratos dormía, pero en general estaba despierta en la oscuridad”. (Los Nuevos Pág. 295). Holden, en cambio, tiene su casa y una red de seguridad en el dinero de sus padres pero no quiere regresar. Su aislamiento es un exilio financiado y voluntario.  

            La historia de Pilar está escrita por ella y Thiago en un contrapunto narrativo en donde a veces se confunden las voces y no se sabe bien quién es el que escribe. No es primera persona, pero pareciera que los personajes se conocen tanto que cada uno puede escribir la historia del otro. Resulta un relato intimista que revela la enorme confianza que se tienen.

            Las dos novelas retratan la vida adolescente, como una situación de mucho miedo al crecimiento y dolor por dejar la infancia. Tratan el crecimiento y el pasaje a la madurez como algo común a todos y por eso universal.

La historia de Thiago, es la más coincidente con la del protagonista de El Guardián. Y aunque se niegue a escribir en un papel como terapia, tener el relato personal en su cabeza es un acto de supervivencia. Mairal lo cuenta. Hay algo semejante a un diario de recuperación en las dos novelas. Los dos autores eligen el encierro y la resistencia al mundo adulto como forma de salvar la verdad de sus protagonistas. 

1 comentario:

Norma Bao dijo...

¡Cómo siempre, excelente reseña! ¡Y por partida doble esta vez! ¡Termino de leerte cada vez y ya quiero conseguir el libro que recomendás, gracias!