En una entrevista Pedro Mairal, promocionando su última novela: Los Nuevos, le pidieron que recomendara un libro y eligió: El guardián entre el Centeno de J.D. Salinger y dice: “Ojalá mi novela tenga algo de ese espíritu. El personaje de Holden Caufield me parece de una genialidad total. Salinger captó la atemporalidad de la adolescencia: un chico muy lastimado, viviendo una semana solo en Nueva York. Lo siento muy cercano, como alguien que podría conocer”.
El guardián entre el centeno (J.D. Salinger1951) y Los Nuevos (2025)
guardan varias semejanzas y diferencias. Podríamos decir que tratan sobre la
soledad adolescente que es transversal a todos, un tema universal.
En principio las dos son novelas de iniciación o de
pasaje al mundo adulto, fueron escritas en dos ciudades, con geografías y
momentos históricos muy distintos, y guardan una distancia de tiempo de más de
70 años. El Guardián entre el centeno está ambientada en los
Estados Unidos de finales de los años 40, en un contexto definido
por el trauma de la Segunda Guerra Mundial y el nacimiento del “Sueño
americano”. Salinger escribió la historia marcado por su experiencia en la
guerra lo que le confiere a la obra un rechazo visceral hacia la hipocresía y
la falsedad de la sociedad.
En cuanto a Los Nuevos, la narración está situada en zonas de la provincia y la ciudad de Buenos Aires de una Argentina siempre en crisis. Se retratan escenas muy contemporáneas en donde la fractura social y la desigualdad de clases en círculos muy cerrados, generan en los protagonistas al momento de insertarse en el mundo adulto incertidumbre.
Holden Caufield, el protagonista de El Guardián entre el centeno, es un adolescente herido emocionalmente por la reciente muerte de su hermano Allie y está desorientado ya que es la segunda vez que lo echan de un colegio. Tiene que volver a su casa, pero no se siente capaz de enfrentar a sus padres. Por eso deambula unos días en Nueva York en hoteles baratos y bares de jazz, entre prostitutas y proxenetas. Holden se pierde en la ciudad, no quiere crecer e idealiza la niñez frente a la hipocresía de los adultos, por eso quiere ser el “guardián” que evita que los niños caigan en la vida adulta. Hay mucho de Holden en cada uno de los personajes de Los Nuevos. Si bien Thiago, Bruno y Pilar, cada uno a su manera, enfrentan la soledad, entre ellos se sienten fortalecidos en la amistad que los une al momento de pasar al mundo adulto.
En lo que respecta al pasaje al mundo adulto, se trata de un tema
recurrente en la literatura infantil. Se presenta como una continua critica al
mundo adulto y un dolor a crecer. Se pueden citar dos conocidos cuentos: Alicia en el país de las Maravillas de
Lewis Carroll y Peter Pan de J.M.
Barrie, cada uno con formas diversas de
afrontar ese cambio. Las obras son consideradas por la crítica psicoanalítica
como dos respuestas opuestas ante la misma crisis: la angustia frente al
crecimiento y la amenaza de perder la infancia. El "dejar de ser niño”. El psicólogo
norteamericano Dan Kiley acuñó en 1983 el término “El Síndrome de Peter Pan” (El síndrome de Peter Pan. Los hombres que
nunca crecieron). Describe una condición
psicológica real e influenciada por factores culturales que consiste en la
incapacidad o negativa de un individuo a asumir las responsabilidades asociadas
con la adultez.
Por otra parte, en cuanto a la forma de escritura, los relatos de
Holden y de Thiago, están escritos en primera persona, lo que los
convierte en un relato subjetivo de las experiencias más crudas con sus
emociones expuestas. Thiago nos cuenta que está encerrado en un centro
de salud mental y la médica le pide que escriba lo que pasó en el verano. Está
emocionalmente herido y atravesando el duelo de la muerte de su madre, se
siente como expulsado del mundo. Se niega a escribir, pero la magia de la
literatura nos deja en esta primera parte, casi un diario con muchas semejanzas
al relato de Holden. Para justificar la decisión de no colaborar
con la psiquiatra, Thiago nos dice:
“Otra razón por la que no escribiría nada es porque tendría que hablar mierda
de todo el mundo en especial de la Bicha Araoz”. (Los Nuevos, Pág.
21)
En este punto, se asemeja a Holden que escribe: “Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Solo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco”. (El guardián entre el Centeno Pág. 7)
Las dos novelas hablan de un encierro y, en el caso del relato de Thiago,
también está narrada en primera persona. Elegir esta forma de escritura
es como elegir que los dos protagonistas sigan defendiendo su propia postura y
opinión a pesar del aislamiento en un centro de salud mental. Un lugar en donde
te pueden sacar todo excepto tu propia voz.
Relatar en primera persona implica que el lector accede directamente a la
subjetividad del personaje aunque aparece de manera inevitable el sesgo del
narrador. El relato tiene una potencia testimonial, el protagonista está
diciendo “esto lo viví yo y te lo cuento”. Sin embargo, es necesario tener en cuenta
que la elección de este tipo de narrador contiene una inevitable parcialidad.
En lo que concierne a Bruno, Pedro Mairal relata en tercera
persona la experiencia del personaje. Es una soledad distinta. El aislamiento
le sobreviene por estar obligado a estudiar en una universidad extranjera en un
lugar frío y lleno de nieve. Bruno vive como un exilio su estadía en Wisconsin
y paradójicamente muestra otra cara de aislamiento juvenil en la era de la
hiperconectividad. Celebra la copa Mundial 2022 gritando solo en medio del lago
del campus. “Y cuando Montiel metió el gol de penal que le dio la victoria
definitiva a la selección argentina, se quedó mirando mudo, cerro mudo la
laptop, se levantó mudo, y en un largo plano sin cortes salió borrachisimo al
frío del campus, se cruzó con unos estudiantes (...) caminó más de cien
metros con el ruidito del colchón de nieve escarchada triturándose y en ese
enorme plano de hielo completamente vacío comenzó a gritar con todo el cañón de
la garganta: ¡Hijos de puta! ¡Somos campeones del mundo, hijos de puta! Se
volaron los pájaros de los arboles negros de la orilla”. (Los Nuevos Pág.
98)
Holden también se siente
solo y aislado en su propia ciudad, camina por Manhattan pero no conoce a
nadie. El frío que sufren y emparenta a los dos personajes, es el frío de la
indiferencia. Dice el protagonista de El guardián entre el centeno: “Vivo
en NY y de pronto me acordé del lago que hay en Central Park South. Me pregunté
si estaría ya helado y, si lo estaba, adónde habrían ido los patos. Me pregunté
dónde se meterían los patos cuando venía el frío y se helaba la
superficie del agua, si vendría un hombre a recogerlos en un camión para
llevarlos al zoológico, o si se irían ellos a algún sitio por su cuenta”
(Pág. 20). Pareciera que en realidad la preocupación por los patos es una
metáfora del sin sentido de su vida y la necesidad de que alguien lo cuide para
no pasar por ese frío que lo rodea.
La historia de Pilar está escrita por ella y Thiago en un contrapunto narrativo en donde a veces se confunden las voces y no se sabe bien quién es el que escribe. No es primera persona, pero pareciera que los personajes se conocen tanto que cada uno puede escribir la historia del otro. Resulta un relato intimista que revela la enorme confianza que se tienen.
Las dos novelas retratan la vida adolescente, como una situación de mucho miedo al crecimiento y dolor por dejar la infancia. Tratan el crecimiento y el pasaje a la madurez como algo común a todos y por eso universal.
La historia de Thiago, es la más coincidente con la
del protagonista de El Guardián. Y aunque se niegue a escribir en un papel como
terapia, tener el relato personal en su cabeza es un acto de supervivencia.
Mairal lo cuenta. Hay algo semejante a un diario de recuperación en las dos
novelas. Los dos autores eligen el encierro y la resistencia al mundo adulto
como forma de salvar la verdad de sus protagonistas.