Miradas. Miradas ocultas, cómplices, perdidas… y muchas tomas con las personas de espaldas o distraídos en sus actividades. En la muestra de Werner Bischof, un fotógrafo considerado artista de culto y de fama mundial, llama la atención las miradas de los retratados. Se puede pensar que el suizo usa lentes potentes para pasar desapercibido y registrar de lejos, y que, en un sentido metafórico, roba las imágenes.
Las fotografías que presenta el Museo Isaac Fernández Blanco en la exposición “Fotografías de América – Werner Bischof” muestran el viaje último e interior que emprendió el suizo por México, Panamá, Perú y Chile. Cansado del fotoperiodismo y después de registrar el mundo de la posguerra, a los 37 años emprende este proyecto en donde también encontró trágicamente la muerte en un accidente, en la cordillera de los Andes.
Bischof retrata niños: niños hablando y de espaldas, niños observando unas fotos de corridas de toros, niños jugando en la vereda con un camión de madera, niños que viajan colgados en la parte trasera de un tranvía, niños, niños. Quizás lo haga pensando en su segundo hijo por el cual su esposa Rosellina debió dejar de acompañarlo en el viaje para dar a luz. O quizás no, tal vez sea por pura sensibilidad y estética. Como escribe su amigo, el fotógrafo Eugene Harris, “No olvidaré jamás un consejo que me dio: Fotografía con tu corazón”.
También se pueden encontrar muchas imágenes creadas con originales texturas: el caserío sobre la ladera de la montaña, las ovejas de un niño pastor que ocupan prácticamente todo el cuadro, los fieles orando con ponchos y mantas de aguayo –tela que sintetiza y simboliza la vida del pueblo-, la pared de piedra de Machu Pichu. Las texturas son un recurso muy usado por los fotógrafos, acá además de una manifestación de su mirada y habilidad técnica, son una muestra de que el suizo todavía se sorprende y se conmueve. Así lo cuenta en Machu Pichu “Tuve una gran sensación de confianza en mí mismo, sentí que aun soy capaz de emocionarme”
Bischof desde muy joven adhirió al Movimiento “Nuevas Miradas”, una corriente que se relaciona con los planteos estéticos de la Bauhaus, que derivó en emplear encuadres originales con el uso de los planos en picado y contrapicado, y en buscar nuevas expresiones en las formas, el contraste y el contraluz. Después formó parte del grupo de fotógrafos Magnum que entre 1950 y 1952, estaban publicando en las revistas más importantes del mundo: “Life” o “Match” entre otras. En ese sentido, la obra fotográfica del suizo es considerada un clásico del Siglo XX.
Pero ¿qué es lo que mueve al suizo a registrar las imágenes de América con tanta sensibilidad? ¿Romanticismo? ¿Crítica social? O tal vez simpatía con los movimientos revolucionarios? Quizás una pista se encuentre en la carta a Ernst Scheidegger desde México escrita en marzo de 1954: “De la Revolución quedó poco, los generales se construyeron casas señoriales, los reaccionarios volvieron del extranjero y sería bueno que despierte un nuevo Zapata. Me parece que los pobres, los campesinos, se han resignado a esto, que todo en la política son hermosas palabras que no llevan a nada nuevo”
La exploración del continente lo llevó al descubrimiento de maravillosos retratos e imágenes, silenciosas y despojadas, como el paisaje de los países que visitó. Nuevamente, se puede pensar que Bischof usa lentes que le permiten estar lejos, inadvertido. En 50 fotos, solamente un niño con un gesto pícaro mira hacia la cámara. Por eso Werner Bischof, el suizo que retrató América, además de un excelente profesional por su técnica y sensibilidad, es también un ladrón de imágenes.
Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco
Werner Bischof. Fotografías de América
Palacio Noel (Suipacha 1422)




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