¿Qué tienen en común el paisaje de la “Pampa” que Eduardo Sívori pintó en 1902 con el cuadro hecho con recortes de diarios “Nosotros no sabíamos” (1976-87) de León Ferrari? En qué pueden coincidir el colorido retrato “Por mis pueblos” (1927) de Alfredo Gramajo Gutiérrez con el telar “El vuelo” (2005) realizado por Silvia Millet con hierro, algodón y boletos de subte, en una representación evidente de los vuelos de la muerte de la última dictadura? ¿Cuál es el hilo conductor que recorre tan diferentes artistas como Pío Collivadino, Antonio Berni, Cesáreo Bernaldo de Quirós, Alfredo Gramajo, Luis Felipe Noé, Pablo Suarez y Norberto Gómez nombrando solamente unos pocos, con tan variadas técnicas: pinturas, dibujos, esculturas, xilografías, litografías, collages, esgrafiados y telares? El Museo Sivori pretende responder estas preguntas que se plantea el visitante de la exposición “Representaciones de identidades en tensión”, curada por Graciela Limardo y Silvia Marrube. Una muestra extensa y rica, pero que resulta confusa de seguir - tal vez por la cantidad de obras que propone y los pocos carteles explicativos- y en donde se relaciona de una manera muy cercana la crueldad con la belleza.
En el marco de Bicentenario de la Independencia, esta exposición exhibe obras realizadas por artistas argentinos en distintos momentos de la historia. Además, quiere reflejar la búsqueda y construcción de la identidad nacional, una identidad que se va realizando de una manera dinámica, cambiante y en tracción. Identidad y alteridad, unicidad y pluralidad del “ser argentino” que se va conformando por aspectos plurinacionales e interculturales de los pueblos que lo componen. “Representaciones de identidades en tensión” presenta cuatro circuitos organizados alrededor de un tema cada uno: El paisaje como identidad nacional; La alteridad de las visiones regionalistas; Violencia de estado en los años 70 e imágenes postraumáticas y Las crisis y sus movimientos pendulares. Así se recorre más de un siglo de arte argentino en donde se pueden observar las tensiones y conciliaciones que atraviesan estas producciones, patrimonio del Museo.
Entre las obras que abordan la primera temática, ligada a los pintores de la llamada Generación del ´80, se encuentra "El rodeo" (1897) de Ángel Della Valle que muestra a un típico gaucho acompañado por sus perros, enlazando a una vaca y con un amplio horizonte en el fondo del paisaje; una representación típica del realismo pictórico del siglo XIX.
En el siglo XX se comienza a visibilizar más el interior del país y la presencia de otros personajes, por eso se pueden encontrar paisajes autóctonos, costumbres y modelos regionales. Estas características se observan en la obra Santiago del Estero (1953) de Enrique Policastro, expresión del Nuevo realismo que se enfoca en retratar figuras humanas que muestran, en su expresión y vestimenta, una vida de sacrificios.
Cuando el Museo quiere hablar sobre las representaciones de las crisis políticas y económicas que últimamente atravesaron el país, recurre a un clásico de su patrimonio: "Chacareros" (1935) de Antonio Berni que da cuenta de una época cargada de problemas sociales. Y también, muestra obras con temáticas más recientes como "El poder de los medios" de José Rueda, y "Recursos Humanos II" (2011) de Jorge Mansueto. Este último, es un esgrafiado que representa a una persona que avanza en diagonal ascendente, escalando posiciones y pisando los pies de los demás. Tal vez una metáfora de la competitiva sociedad actual.
En el siglo XX se comienza a visibilizar más el interior del país y la presencia de otros personajes, por eso se pueden encontrar paisajes autóctonos, costumbres y modelos regionales. Estas características se observan en la obra Santiago del Estero (1953) de Enrique Policastro, expresión del Nuevo realismo que se enfoca en retratar figuras humanas que muestran, en su expresión y vestimenta, una vida de sacrificios.
Cuando el Museo quiere hablar sobre las representaciones de las crisis políticas y económicas que últimamente atravesaron el país, recurre a un clásico de su patrimonio: "Chacareros" (1935) de Antonio Berni que da cuenta de una época cargada de problemas sociales. Y también, muestra obras con temáticas más recientes como "El poder de los medios" de José Rueda, y "Recursos Humanos II" (2011) de Jorge Mansueto. Este último, es un esgrafiado que representa a una persona que avanza en diagonal ascendente, escalando posiciones y pisando los pies de los demás. Tal vez una metáfora de la competitiva sociedad actual.
Por último, en un lenguaje brutal y plagado de alegorías, con obras en blanco y negro, escasos colores o llenas de un sangriento rojo, el arte representa lo que pareciera irrepresentable: la tortura y las desapariciones de los años ’70. Vale la pena volver a mencionar “Nosotros no sabíamos” (1976-87) de León Ferrari por la violencia expresada en el testimonio periodístico.
Esta exposición de la colección del Sivori ¿es la única manera de pensar la construcción de la identidad del ser nacional? ¿Es el único recorte? No, es la mirada propuesta por las curadoras tomando como insumo el patrimonio del Museo. Pueden existir otras, tan variadas y diferentes como lecturas e interpretaciones se hagan del tema. Lo que sí es seguro que “Representaciones de identidades en tensión” podría haberse organizado de una manera más didáctica para que todos pudieran enriquecerse y disfrutar de las obras. En conclusión, pueden asociarse la belleza y la crueldad en las expresiones artísticas. El Sívori lo hace posible, aunque a veces lo horrendo y dramático – y también lo confuso- tiñe la totalidad de la muestra
Esta exposición de la colección del Sivori ¿es la única manera de pensar la construcción de la identidad del ser nacional? ¿Es el único recorte? No, es la mirada propuesta por las curadoras tomando como insumo el patrimonio del Museo. Pueden existir otras, tan variadas y diferentes como lecturas e interpretaciones se hagan del tema. Lo que sí es seguro que “Representaciones de identidades en tensión” podría haberse organizado de una manera más didáctica para que todos pudieran enriquecerse y disfrutar de las obras. En conclusión, pueden asociarse la belleza y la crueldad en las expresiones artísticas. El Sívori lo hace posible, aunque a veces lo horrendo y dramático – y también lo confuso- tiñe la totalidad de la muestra


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