jueves, 17 de noviembre de 2016

Buenos Aires - Palais de Glace - Julio Lavallen: Un murmullo de colores - por Mariela Paesani



Entre la explosión del color del fauvismo y la pincelada evidente de los autorretratos de Van Gogh, entre las manchas y salpicaduras del arte abstracto y la expresión más acabada del personaje, se  pueden  encontrar los seis retratos  que Julio Lavallen expone en el Palais de Glace.
En la muestra Retrato Tratado/Dar la Cara: Pinturas sonoras, Lavallen presenta los rostros de Carlos Alonso, Carlos Gorriarena y Luis Felipe Noé, pintados en España en 1998 y Hermenegildo Sabat, Roberto Fontanarrosa e Isabel Sarli creados en Buenos Aires diez años después. Cada obra está acompañada por la voz del personaje con la idea de generar un clima de mayor cercanía al espectador. Aunque las grabaciones de las entrevistas a los protagonistas se escuchan muy tenues para entender lo que hablan y  generan  un confuso  murmullo. 

El artista pinta en el  lienzo la topografía de cada rostro, el mapa que las marcas de la vida dejan en la
expresión de cada humano. Dibuja el semblante con luces y sombras de intensos tonos cargados de materia. En el cuadro de Alonso, con la pincelada que recuerda las manchas, chorreaduras y salpicaduras de Jackson Pollock, pareciera que la abstracción se apodera de la obra, pero la fisonomía del artista mendocino triunfa en una pintura realista indiscutible.
Una sorprendente libertad del color, cercana al retrato que Henri Matisse realizo de su esposa,  “La raya verde”, en donde el pintor la  representa con manchas rojas y verdes,  encontramos en el rostro de Sabat dibujado con casi un exceso de azules y verdes. Pero en este caso  no se trata de los tonos estridentes y planos del pintor francés, acá la expresión y el gesto es protagonista.
Provinciano, autodidacta y nacido en 1957, Lavallen se encuadra dentro del estilo  figurativo y allí se ha ganado un lugar. Emerge de su Entre Ríos natal y en poco tiempo, pasando por Buenos Aires y eligiendo después España como su lugar de residencia durante diez años, se convierte en artista de galerías de Roma, París, Londres, Madrid, Valencia y Nueva York.  En la muestra,  con cada rostro retratado dibuja un mapa de personajes de distintos lugares del país, mapa que de alguna forma representa su vida personal de pintor itinerante.

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